Es el gran negocio de los medios
informativos, empeñados todos en llevarnos a su circo de noticias, de tertulia
y de debates de periodistas o aficionados, convertidos en fiscales y en jueces,
adelantando sentencias de todos los colores. Y al fin, problemas de tan enormes
dimensiones, las cadenas televisivas nos los dan como programas de mero
entretenimiento. Y de tanto hablar de
orgías millonarias, de la corrupción, del sueldo de los políticos y de
lo bien que viven los ricos, acabamos resignados con la ilusión que algún día el voto de los
pobres pueda servir para algo. Aunque siempre ha sido que mande quien mande y
votes a quien votes, el pobre siempre será pobre. Más o menos pobre, pero
pobre.