En nuestros pueblos el 8 de diciembre tiene un significado muy especial, pues el día de la Inmaculada Concepción lo asociamos con la recogida de aceitunas, la caza y las calderetas. Pero, sobre todo, con las matanzas caseras. En esos días se reunían los amigos y los más allegados de las familias para sacrificar el cerdo que se había engordado casi todo el año. Para los participantes era tanto un duro día de trabajo como un jubiloso día de fiesta. Todos se afanaban en la tarea, desde los niños a los abuelos.El matancero daba muerte al cochino de un tajo en el cuello con su afilado cuchillo, mientra los hombres lo sujetaban. El sacrificio se hacía de madrugada. Y hace años, muchos años, se hacía una gran lumbre de abulagas, en ocasiones, en mitad de la calle, y ahí se chamuscaba el cerdo. Hoy esto se hace con un soplete de butano, con lo que parece que le han perdido el respeto al ceremonial matancero. Limpio el animal de cerdas, comienzan a trabajar todos los asistentes. Descuartizan el cerdo, salan tocinos, sacan jamones, hacen chorizos, salchichones, morcillas…En fin, que no hay un trocito que no se aproveche. No faltaban mujeres viejecitas que trabajaban como mondongueras. Otras mujeres tenían muy buena mano para el aliño, y eran maestras en la mezcla de carne, sal, ajos, pimentón, y si era necesario, calabaza, arroz, patatas etc., para los chorizos.
Se podría hacer una crónica interminable, pero no es ese mi propósito. Más bien deseo tratar el tema como un recuerdo. La verdad que esto de las matanzas caseras se sigue haciendo en muchos pueblos de Extremadura, y, sin embargo, a la vista de su descenso, hay que verlo como historia. Como algo a lo que le quedan pocos años de vida. Lo tiene todo en contra. Las costumbres, los hábitos alimentarios, el tipo de vivienda, las dificultades que ponen las autoridades sanitarias, que los jóvenes no quieren aprender y pasan del tema, que los médicos prohíben todo lo que procede del cerdo. Y visto el panorama, y aceptando que son razones de peso, la matanza quedará como parte de la tradición de los pueblos, y solamente se podrá saber de ellas, por exhibiciones folklórica, de esas que organizan las personas más cercanas a la cultura.
El tiempo pasa barriendo costumbres y formas de vida. El progreso nos trae más comodidades y, dicen, vida más sana. No obstante, no podemos evitar hacerle un funeral a las pérdidas y a los cambios.





