Por problemas en el ordenador, durante algunos días no podré publicar nada, y lo que más siento es no poder estar en contacto con vosotros. Espero que el problema se solucione pronto. Perdón. Gracias.
Un abrazo.
lunes, 31 de mayo de 2010
domingo, 30 de mayo de 2010
ANTES, DEL VIIEJO, EL CONSEJO
Antes poníamos como ejemplo a los más viejos de la familia, y de las palabras de los abuelos y padres se hacían códigos y modelos de conductas. Se tomaba como referencia las palabras de unos y otros. Y así se rendía homenaje a la voz de la experiencia. Sin embargo, a lo que parece, no aprendimos mucho. La opinión de las personas mayores esta más bien devaluada. El progreso, la marcha rápida de la ciencia y las nuevas tecnologías nos han dejado en la cuneta. Ya no podemos ser ejemplo de nada. Han cambiado las ideas, los pensamientos, los conocimientos y las costumbres a velocidad de vértigo. Ni siquiera las palabras parecen significar lo mismo, hasta ellas han perdido el recato y la vergüenza. Se han quedado sin alma.
Nada es lo que era, ya los viejos no están en condiciones de dar consejos, por lo anticuado de sus conocimientos, y, tal vez, por la autoestima. Notan como si los hijos estuvieran por encima de ellos, aunque pueda ser sólo una apreciación de la libertad que disfrutan, y que los padres nunca tuvieron.
Ahora estamos casi obligados a poner como ejemplo a los jóvenes, pues son ellos los que tienen la preparación y los conocimientos de los tiempos modernos. Es el bagaje del progreso, con el que, aún sin experiencia de vida, se atreven a darnos consejos. Antes decíamos: “mi padre decía…”,ahora decimos: “mi hijo ha dicho” Los progenitores ya tienen un papel muy secundario. Y no es que entregasen la antorcha del protagonismo, es que se la arrebataron. Las cosas no son para ellos igual que para nosotros. Aquellos viven en su mundo, y por él caminan seguros porque lo conocen y lo dominan.
…y con el progreso ha llegado la revolución del pensamiento.
Nada es lo que era, ya los viejos no están en condiciones de dar consejos, por lo anticuado de sus conocimientos, y, tal vez, por la autoestima. Notan como si los hijos estuvieran por encima de ellos, aunque pueda ser sólo una apreciación de la libertad que disfrutan, y que los padres nunca tuvieron.
Ahora estamos casi obligados a poner como ejemplo a los jóvenes, pues son ellos los que tienen la preparación y los conocimientos de los tiempos modernos. Es el bagaje del progreso, con el que, aún sin experiencia de vida, se atreven a darnos consejos. Antes decíamos: “mi padre decía…”,ahora decimos: “mi hijo ha dicho” Los progenitores ya tienen un papel muy secundario. Y no es que entregasen la antorcha del protagonismo, es que se la arrebataron. Las cosas no son para ellos igual que para nosotros. Aquellos viven en su mundo, y por él caminan seguros porque lo conocen y lo dominan.
…y con el progreso ha llegado la revolución del pensamiento.
sábado, 29 de mayo de 2010
DON BENITO. Antes y después
viernes, 28 de mayo de 2010
HIPOTECADOS
Todos los seres humanos estamos hechos para disfrutar de todo lo que hay en el Planeta Tierra. No están unos más facultados que otros, y, demás tienen los mismos derechos. Un yate, un jet, un coche de lujo, un hotel de categoría, castillos, palacios, mansiones, paradisíacas playas, ropas y joyas caras, grandes banquetes, impresionantes fiestas y un larguísimo etc. Todos, absolutamente todos, estamos preparados y con los mismos derechos para la buena vida. Pero falta un detalle importante: no todos tenemos dinero. Sin embargo, se tienen los sueños y los deseos, y con lo inconsciente que somos, basta que en algún sitio nos sugieran que hay almacenes de dinero donde con sólo pedirlo nos dan para vestir los sueños. Y dejamos de ser pobres sin nada a ser pobres con hipotecas. Y aquí las cuentas van a la inversa, los pobres con hipotecas son más pobres todavía.
Hubo un tiempo de euforia. Una luna de miel que duró hasta que empezaron a llegar letras. Cuando se firmaron montones de papeles, con la borrachera, no se pensó que había que pagar hasta llegar a viejo, e incluso se le quedaba de herencia a los hijos, Los bancos y los negocios financieros te daban mucho más dinero del que pedías. Para animarte y quitarte el miedo te decían que pagarías lo mismo, que aumentaban la deuda en años, y que el tiempo pasa pronto. Con tantas facilidades había que aprovechar la oportunidad de asomarse un poquito a esa buena vida. Y como te prestaban dinero para montártelo a lo grande, no era cosa de seguir viviendo según posibilidades, ni pedir para cubrir necesidades, ni para apañarse. Era la ocasión de realizar sueños y cumplir caprichos. Viviendas pequeñas, no, viviendas grandes; muebles malos, no, muebles caros; vacaciones en el pueblo, no, en hoteles de estrellas en lejanas playas; coches acordes con la nueva vida. Y duró lo que duró, por desgracia muy poco. Se despertó con la resaca de la fiesta. Los petardos se apagaron y la realidad puso a cada uno en su sitio.
Hicimos millonarios a nuestros hijos, millonarios en saldo negativo. Son ellos, muchos no nacidos, los que vendrán al mundo con una hipoteca bajo el brazo, porque el pan ya se lo han comido los padres con el experimento de vivir como nuevos ricos.
Bonitos son los sueños que no cuestan dinero, que no dejan rastros ni remordimientos. Es muy perjudicial administrar miserias con dinero ajeno, pues las cuentas nunca cuadran.
Pero, ¡santo Dios, unos tanto dinero y otros tantas deudas!
Hubo un tiempo de euforia. Una luna de miel que duró hasta que empezaron a llegar letras. Cuando se firmaron montones de papeles, con la borrachera, no se pensó que había que pagar hasta llegar a viejo, e incluso se le quedaba de herencia a los hijos, Los bancos y los negocios financieros te daban mucho más dinero del que pedías. Para animarte y quitarte el miedo te decían que pagarías lo mismo, que aumentaban la deuda en años, y que el tiempo pasa pronto. Con tantas facilidades había que aprovechar la oportunidad de asomarse un poquito a esa buena vida. Y como te prestaban dinero para montártelo a lo grande, no era cosa de seguir viviendo según posibilidades, ni pedir para cubrir necesidades, ni para apañarse. Era la ocasión de realizar sueños y cumplir caprichos. Viviendas pequeñas, no, viviendas grandes; muebles malos, no, muebles caros; vacaciones en el pueblo, no, en hoteles de estrellas en lejanas playas; coches acordes con la nueva vida. Y duró lo que duró, por desgracia muy poco. Se despertó con la resaca de la fiesta. Los petardos se apagaron y la realidad puso a cada uno en su sitio.
Hicimos millonarios a nuestros hijos, millonarios en saldo negativo. Son ellos, muchos no nacidos, los que vendrán al mundo con una hipoteca bajo el brazo, porque el pan ya se lo han comido los padres con el experimento de vivir como nuevos ricos.
Bonitos son los sueños que no cuestan dinero, que no dejan rastros ni remordimientos. Es muy perjudicial administrar miserias con dinero ajeno, pues las cuentas nunca cuadran.
Pero, ¡santo Dios, unos tanto dinero y otros tantas deudas!
jueves, 27 de mayo de 2010
LIMPIABOTAS
miércoles, 26 de mayo de 2010
EXTREMAUNCIÓN
Me gusta madrugar y salir muy temprano a pasear por la calle. A las 8 de la mañana, casi solitarias. Pero en días buenos, de agradables temperaturas, de colores luminosos y olores de primavera, no hay nada más vivificante y placentero que un paseo mañanero.
Pues en eso estaba yo, paseando, viendo escaparates, contándome historias y poniendo orden en algunos sueños, cuando se me acercó una señora y me dio una estampita, no sé de que santo. Le dí las gracias, y cuando ya se iba se volvió y me dijo que podía ir a misa a tal iglesia, que allí le daban la extremaunción a los enfermos. Me amargó aquel día tan hermoso. Pues inmediatamente pensé que muy mal tenía que haberme visto aquella señora para mandarme a una iglesia para que me dieran la extremaunción. Sin embargo, todavía hoy tengo dudas si me lo dijo por enfermo o por feo, o puede que yo no conozca el significado de la palabra o fuese la señora la que no la conocía. De todas formas, no se deben dar esos sustos tan temprano, ni siquiera con la mejor de las intenciones.
Sea como sea, todavía me dura el susto. Y es que no es para menos, y encima una tranquila y hermosa mañana de domingo.
martes, 25 de mayo de 2010
FOTOGENIA
Hay muchas personas que quieren salir en la foto sin ponerse. Desean, pero temen. Algo así como si le tuvieran fobia a su propia imagen. Estas cosas les pasan más a las mujeres, por aquello de la coquetería. Agradecen las fotos al descuido, aquellas que no se dan cuenta. Cuando las ven hasta se alegran. Pero una mujer nunca te va a recocer que ha salido bien en la foto, hay excepciones, claro, que muy pocas. O quizás sí, las que son fotogénicas. Y no olvidemos que la fotogenia es la naturalidad, nada más que naturalidad. Son mujeres que enamoran todo lo que miran, que se ilumina todo lo que tocan. No siempre son las más bellas, pero son las más expresivas y sugerentes, y de movimientos llenos de gracia y armonía. Todos los gestos y movimientos son valiosos para la cámara. De mujeres poco agraciadas se hacen auténticas obras de arte. Aunque un cuerpo hermoso puede competir con una cara rebosando fotogenia. Son distintas formas de ver el arte,
El objetivo de una cámara saca lo que hay, lo que se le pone delante. No tiene sentimientos, no obra por impulsos, ni simpatías o antipatías. Tampoco es una máquina de hacer milagros. Quizás sea que la imagen que tenemos de nosotros mismos no sea la real, no por bonita o fea, sólo por diferente.
Los niños pequeños que no saben lo que es una cámara fotográfica son muy fotogénicos, y cuando ya lo saben pierden toda la gracia. Parece como si el objetivo guardara algún misterioso secreto que nos cohíbe y nos produce miedo.
El objetivo de una cámara saca lo que hay, lo que se le pone delante. No tiene sentimientos, no obra por impulsos, ni simpatías o antipatías. Tampoco es una máquina de hacer milagros. Quizás sea que la imagen que tenemos de nosotros mismos no sea la real, no por bonita o fea, sólo por diferente.
Los niños pequeños que no saben lo que es una cámara fotográfica son muy fotogénicos, y cuando ya lo saben pierden toda la gracia. Parece como si el objetivo guardara algún misterioso secreto que nos cohíbe y nos produce miedo.
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