sábado, 18 de diciembre de 2010

DON BENITO. Día de Nochebuena en el Bar Verea.



Un día de Nochebuena en el Bar Verea. En fechas entrañables de Navidad les quiero dedicar el más emocionado de los recuerdos a estas personas que un día fueron mis amigos. Y brindar como si el tiempo no hubiese movido nada, como si todos pudiésemos volver a formar parte de la misma escena. Soñemos que estamos aquí, porque aquí los vemos en la foto, y yo, detrás de la cámara. Mis respetos a todos, a los que se fueron y a los que les recuerdan.
Imagen de hace sobre treinta años.

jueves, 16 de diciembre de 2010

HAIKUS NAVIDEÑOS


No creo que estos humildes haikus contribuyan mucho para animar el espíritu navideño, pero, por si acaso, ahí los dejo.

Árbol navideño
Luminosos colores
Extraños frutos.

La pandereta
Música navideña
Felices pascuas.

Desde la guerra
Navidad con música
De explosiones.

Luz en el árbol
La Navidad sonríe
Guía una estrella.

En Nochebuena
Cantan los gitanos y
Los payos bailan.

Suena zambomba
Navidad en un chozo
Cantan pastores

En un pesebre
El milagro de la fe
Virgen y madre.


La nochebuena
Navidad de nevada
Portal y niño.

Niño nacido
Inmaculada madre
Pesebre frío

En un pesebre
Una posada en Belén
Noche de parto.

martes, 14 de diciembre de 2010

DON BENITO. Antes y después


Foto en blanco y negro de principio de los años 80. Arriba, a la izquierda, obras del Asilo; en el centro, a la derecha, salida de la calle Ancha; y de frente, carretera dirección Avenida Alonso Martín. En la foto en color de 2010, hecha desde el mismo sitio, el paisaje urbano ha cambiado por completo; además de muchos árboles, se construyó el Colegio Público “Donoso Cortés”- centro imagen-

domingo, 12 de diciembre de 2010

DISCAPACIDAD E IMPOTENCIA


Las personas que sufrimos alguna discapacidad procuramos pasar desapercibidos, para lo que tenemos que cuidar mucho nuestras maneras y comportamiento. Sin embargo, no siempre se consigue a los ojos de los sanos, algunos, siempre pendientes para ver si nos cogen en alguna falta. Y seguro que siempre verán algo que afearnos. Son personas que para ocultar su incapacidad, tienen que hacer resaltar nuestra minusvalía. Y como estamos en desventaja para defendernos, no podemos hacer otra cosa que llorar de rabia. Al menos yo, ni siquiera puedo desahogar gritando.

Esto viene a cuento de los apuros que pasó mi amigo Juan en un establecimiento hostelero de titularidad pública. Juan padece esclerosis múltiple y vive encima de una silla de ruedas. Aquel día nos sentamos a la mesa de un bar y pedimos un par de cervezas. A mi amigo le pusieron aceitunas de aperitivo, y los huesos los iba depositando con mucho cuidado en una servilleta de papel que había puesto sobre la mesa. En un movimiento de sus incontroladas manos todos los huesos cayeron al suelo. Como si fuese el genio salido de la lámpara, surgió el hombre servicial, ordenado y amante de la limpieza criticando en voz alta la actitud de mi amigo, decía, al tirar los huesos al suelo. No sé si todos los que lo oyeron se pusieron de su parte, creo que sí, porque era el más fuerte, hablaba más alto, y ni Juan ni yo podíamos defendernos con la palabra. La señora de la limpieza se puso inmediatamente de su parte sin querer saber nada más que lo él decía. Mientras tanto, nosotros, a comernos las lágrimas y la rabia por el desamparo.

No es nada importante, al menos para quién no lo sufre. Inmenso para quién tiene que aguantar este tipo de actitudes. La vida esta compuesta de muchos pequeños detalles, que por si solos hasta pasan desapercibidos y se olvidan pronto. Yo ya lo tenía olvidado, pero esta tarde he coincidido con el hombre sano, servicial y pulcro, y empezó a referirle a un grupo de personas el caso de los huesos de aceitunas… Y es la segunda vez que no he podido defender a mi amigo.

viernes, 10 de diciembre de 2010

DON BENITO. Iluminación Navideña.

Calle Ramón y Cajal


Mi cámara dejó constancia que hace cerca de cuarenta años también había iluminación navideña. Aunque ni los coches, ni las calles, ni los escaparates fuesen tan vistosos. Eran tiempos de foto en blanco y negro.

martes, 7 de diciembre de 2010

LA GRAN BORRACHERA

Era un cinco de Enero de hace casi medio siglo. Un día, de esos días fríos de invierno. Aquella mañana salí temprano para ayudar a un amigo a coger aceitunas en un olivar que tenía cerca del pueblo. Allí estuvimos toda la mañana, pero antes del mediodía tuvimos que abandonar la tarea obligados por el frío. Y ya en el pueblo, camino de casa, pasamos por la puerta de una taberna y decidimos entrar a tomar una copa de coñac para entrar en calor. Era la forma en aquellos tiempos de entrar en calor, aunque el coñac fuese de garrafón. Dentro de la tasca solo había dos personas: la dueña del establecimiento, una señora de mediana edad, de mediana estatura y con kilos de sobra; la otra persona era un señor delgado y bajito, con un traje azul oscuro y una corbata amarilla, la cabeza la cubría con uno de aquellos sombreros que traían los emigrantes de Alemania. El hombre se agarraba al mostrador con las dos manos, y miraba fijamente un vaso grande de vino que tenía delante de los ojos, y sin decir ni pío. Pensamos que con la borrachera que tenía, un vaso más lo tumbaría. Y se lo invitamos nosotros cuando pusieron nuestras copas. Acabamos bebiendo al compás, él vasos de vino, nosotros copas de garrafón. Hasta hacíamos apuesta sobre en que momento caería. Mientras nosotros ya habíamos empezado a ver doble y hasta tiple, él seguía con las manos cogidas al mostrador, y sólo soltaba la derecha en el momento de coger el vaso y tomarse el vino de un trago. Pero nosotros no queríamos darnos por vencidos, pues creíamos que era muy humillante la de ser derrotados por aquel cacho de hombre. Y la tabernera con una botella de coñac en una mano y una de vino en la otra. Acabamos tan borrachos que no nos podíamos comunicar ni por señas. Apenas le pudimos decir entre los dos a la señora que nos llamara un taxi. Y nos fuimos, dejando allí aquel hombre silencioso, sin descomponer la figura, tal y como lo encontramos. Quizás no igual del todo, pues nos pareció que había crecido un poco. También dejamos el frío y nos llevamos la borrachera y la vergüenza de la derrota.

La única vez que me han llevado bebido a casa, y encima, no se puede decir que fuese por una buena causa. Pero, todavía hoy me pregunto: ¿llegaría aquel hombre por sus propios pies a casa? Me lo imaginé dando tumbos por la calle, luciendo una borrachera que le habíamos pagado nosotros. Sino toda, casi toda. Bien la podía lucir con orgullo, al fin y al cabo, nos había ganado la partida, y sin decir palabra, abriendo la boca sólo para que entrase el vino.

lunes, 6 de diciembre de 2010

DON BENITO. Día de la Constitución

Por los años a que corresponde la foto, entre primeros y mediados 1980, se celebraba el Día de la Constitución en Don Benito con la izada de banderas en la Plaza de España, calderetas, migas y sardinas, además de algún otro acto lúdico. En años posteriores empezaron las actuaciones de la Banda Municipal de Música.