RAFAEL ALBERTI. En un momento de la visita que hizo el poeta a Don Benito en el año 1977.jueves, 19 de agosto de 2010
miércoles, 18 de agosto de 2010
DE REGRESO
Una vez más, he cumplido mí promesa de estar aquí en el tiempo previsto. En verano no es fácil cumplir promesas, porque con el calor y las fiestas se van al diablo las buenas intenciones.
He pasado unos días en un pueblo donde se celebraban las Fiestas Patronales.
Se intenta mantener las tradiciones a toda costa, pero las fiestas, que conocemos de antes, van languideciendo poco a poco. La gente se divierte de otra manera. Ahora, entre otras formas de diversión, están los cacharritos de siempre, el botellón para los jóvenes y la Caseta Municipal para los viejos. Si hay otras formas de pasarlo bien, desde luego, no son para viejos.
Soy yo quién ha cambiado. No se puede montar una juerga con refrescos y patatas fritas. Y mucho menos, pensando en las recomendaciones de los médicos.
Lo cierto es que no esta uno para muchos trotes, y, sin embargo, estoy contento, porque pienso que ya vendrán tiempos peores. Todavía, este verano me he divertido, a mi manera, claro.
Y el calor no me ha discriminado, he sufrido el mismo que todos mis paisanos.
Espero normalizar mis entradas en el blog, aunque todavía tendré alguna pequeña ausencia, además de los imprevistos por enfermedad u otras causas ajenas a mí voluntad
He pasado unos días en un pueblo donde se celebraban las Fiestas Patronales.
Se intenta mantener las tradiciones a toda costa, pero las fiestas, que conocemos de antes, van languideciendo poco a poco. La gente se divierte de otra manera. Ahora, entre otras formas de diversión, están los cacharritos de siempre, el botellón para los jóvenes y la Caseta Municipal para los viejos. Si hay otras formas de pasarlo bien, desde luego, no son para viejos.
Soy yo quién ha cambiado. No se puede montar una juerga con refrescos y patatas fritas. Y mucho menos, pensando en las recomendaciones de los médicos.
Lo cierto es que no esta uno para muchos trotes, y, sin embargo, estoy contento, porque pienso que ya vendrán tiempos peores. Todavía, este verano me he divertido, a mi manera, claro.
Y el calor no me ha discriminado, he sufrido el mismo que todos mis paisanos.
Espero normalizar mis entradas en el blog, aunque todavía tendré alguna pequeña ausencia, además de los imprevistos por enfermedad u otras causas ajenas a mí voluntad
jueves, 12 de agosto de 2010
POLÍTICOS POR TRADICIÓN FAMILIAR
En política algún miembro de la familia tiene que ser el primero, después acaba convirtiéndose en tradición familiar, y los hijos y nietos de los que mandaban ayer son los que mandan hoy, y sus descendientes mandarán mañana. No importa el color político de la bandera donde militen, no importa si es dictadura o democracia, siempre tendrán motivos y palabras para justificar su presencia y la de sus parientes en la vida pública. Y si hay que cambia de bando para seguir mandando, pues se cambia, siempre podrán decir que el país necesita de su sacrificio. Nosotros agradecidos y ellos contentos. No debemos ser mal pensados y apreciar el sacrificio, pues, dicen, todo lo hacen por el bien del pueblo.
Si un día nos enteramos que un político ha sido un mal chico, no seamos demasiado duro en nuestro juicio, porque no es un delincuente, sólo es un presunto. Aunque el delito se demuestre y lo condenen los jueces, le saldrán legiones de partidarios y defensores a ultranza identificándose, con lo que llamarán, pequeño desliz. Los defensores del castigo pronto olvidarán el caso para centrarse en otro más vistoso y más grandes.
La verdad que los políticos están bastante desacreditados, puede que haya motivos, puede que sean motivos exagerados, pero no se puede negar la evidencia, sin olvidar, claro, que están sometidos a una gran vigilancia pública. Puestos en una balanza se ven más defectos que virtudes, sin embargo, todo es muy subjetivo, la verdad nunca es completa.
Para resumir, diré que yo soy más de obedecer leyes y pagar impuestos, que de hacerlas y de vivir de los presupuestos del Estado, Comunidad o Ayuntamiento.
Me despido hasta el próximo miércoles. He de salir de viaje.
Si un día nos enteramos que un político ha sido un mal chico, no seamos demasiado duro en nuestro juicio, porque no es un delincuente, sólo es un presunto. Aunque el delito se demuestre y lo condenen los jueces, le saldrán legiones de partidarios y defensores a ultranza identificándose, con lo que llamarán, pequeño desliz. Los defensores del castigo pronto olvidarán el caso para centrarse en otro más vistoso y más grandes.
La verdad que los políticos están bastante desacreditados, puede que haya motivos, puede que sean motivos exagerados, pero no se puede negar la evidencia, sin olvidar, claro, que están sometidos a una gran vigilancia pública. Puestos en una balanza se ven más defectos que virtudes, sin embargo, todo es muy subjetivo, la verdad nunca es completa.
Para resumir, diré que yo soy más de obedecer leyes y pagar impuestos, que de hacerlas y de vivir de los presupuestos del Estado, Comunidad o Ayuntamiento.
Me despido hasta el próximo miércoles. He de salir de viaje.
miércoles, 11 de agosto de 2010
NO ESTOY TRISTE
No estoy triste, no estoy deprimido, ni tampoco amargado. Estoy desesperado, ese sentimiento de impotencia que se empeña en vencerme enfrentándose a esos otros de rebeldía y soberbia. Sí, soy rebelde y soberbio, y sin embargo, también yo necesito desahogarme gritando toda mi rabia con palabras escritas con letras de lágrimas. No siento pena, no me doy lástima. Solamente estoy desesperado buscando una salida que no existe, porque son puertas que cuando se cierran ya no se abren. Quiero estar loco y cuerdo a un tiempo, pienso que la locura alivia el sufrimiento, pero deseo seguir cuerdo para continuar viviendo, porque hasta el dolor es vida. En la comedia de la vida sólo hay una representación, con personajes únicos, es el no de las oportunidades. Y si al menos tuviésemos un cuerpo que funcionase hasta el final del trayecto, pero la enfermedad esta al acecho de la felicidad del ser humano, y entonces empieza el calvario. El querer y no poder, el desear y no tener, la lucha de las limitaciones, la compasión de quienes te rodean y la amarga sensación que eres un inútil y una carga. No siempre cierto, sin embargo, el enfermo, la tiene, y por mucho que lo intente, no puede evitar esos o parecidos pensamientos.
Soy feliz cuando duermo, mis problemas empiezan cuando despierto, que es el momento en el que comienzo a mover el esqueleto. A pesar de las dificultades, me visto solo, y por lo bajo suelto algún taco, mientras me voy colocando prendas y contándome sueños locos para la jornada. Y es entonces cuando aparece mi cabreo, con el intento de poner en práctica los proyectos que mi temblor desbarata. Porque estoy electrificado, con los cables pelados haciendo cortocircuitos, y puede, que hasta con algunos fusibles fundidos. Es lógico que más que un neurólogo necesite un electricista. Me sirve de alivio ponerle al enfado paños de humor negro. ¿Qué puedo hacer, si no hay cura ni remedios? Por raro que parezca hay muchas enfermedades para las que no existe tratamientos, que sólo se curan con la muerte, y como la vida es tan amables, preferimos seguir enfermos.
Se como se hacen las cosas, sé como se resuelven problemas, pero cuando lo intento no puedo ni pasar las páginas de un libro, pese a todo, peor o mejor, en más o menos tiempo, acabo haciendo la mayoría de las cosas, y eso me anima a seguir, al menos, intentándolo. Mi dignidad esta ligada a mi autosuficiencia. El tiempo no cuenta, lo que una persona sin dificultades hace en una hora yo necesito medio día.
Repito, no soy un triste ni un amargado, ni me siento acomplejado paseando en mi descapotable. Voy por el mundo orgulloso de mi estampa y de quien soy. Mi lema es respetar a las personas y no atender comentarios y críticas. Hasta mi sombra huye molesta porque no le hago caso. Y a pesar de todo lo dicho, estoy desesperado, mucho tengo que estarlo para venir a contárselo a la pantalla del ordenador, amparándome en el anonimato para hacérselo llegar a mis misteriosos amigos. Seguro que serán compresivos y tolerantes por mi debilidad en el desahogo. Es imposible vivir sin comunicarse, sin compartir lo que nos va ahogando. A mi sólo me queda la palabra escrita, y por poco tiempo. La parte oral la tengo bastante deteriorada, vaya, no esta para muchos discursos. Siempre he disfrutado con una conversación o un buen debate, pero, ya ni siquiera le puedo leer el periódico a mi amigo el ciego. Y no obstante, mi mente cada día esta más lúcida, con lo que soy consciente de cual es mi realidad hoy y cual será mañana. Soy la persona que se esta ahogando y sigue nadando para mantenerse a flote. Se dice que no te quejes, porque hay muchas personas peor que tú. De verdad, eso no me consuela. Es sufrimiento y no quisiera que ninguna persona lo padezca, ni que pongan, comparándolas, las enfermedades como ejemplo. Cada uno tiene que aguantar la que le ha tocado en la tómbola de la fatalidad. No podemos cambiar la suerte que el destino nos ha asignado.
Soy feliz cuando duermo, mis problemas empiezan cuando despierto, que es el momento en el que comienzo a mover el esqueleto. A pesar de las dificultades, me visto solo, y por lo bajo suelto algún taco, mientras me voy colocando prendas y contándome sueños locos para la jornada. Y es entonces cuando aparece mi cabreo, con el intento de poner en práctica los proyectos que mi temblor desbarata. Porque estoy electrificado, con los cables pelados haciendo cortocircuitos, y puede, que hasta con algunos fusibles fundidos. Es lógico que más que un neurólogo necesite un electricista. Me sirve de alivio ponerle al enfado paños de humor negro. ¿Qué puedo hacer, si no hay cura ni remedios? Por raro que parezca hay muchas enfermedades para las que no existe tratamientos, que sólo se curan con la muerte, y como la vida es tan amables, preferimos seguir enfermos.
Se como se hacen las cosas, sé como se resuelven problemas, pero cuando lo intento no puedo ni pasar las páginas de un libro, pese a todo, peor o mejor, en más o menos tiempo, acabo haciendo la mayoría de las cosas, y eso me anima a seguir, al menos, intentándolo. Mi dignidad esta ligada a mi autosuficiencia. El tiempo no cuenta, lo que una persona sin dificultades hace en una hora yo necesito medio día.
Repito, no soy un triste ni un amargado, ni me siento acomplejado paseando en mi descapotable. Voy por el mundo orgulloso de mi estampa y de quien soy. Mi lema es respetar a las personas y no atender comentarios y críticas. Hasta mi sombra huye molesta porque no le hago caso. Y a pesar de todo lo dicho, estoy desesperado, mucho tengo que estarlo para venir a contárselo a la pantalla del ordenador, amparándome en el anonimato para hacérselo llegar a mis misteriosos amigos. Seguro que serán compresivos y tolerantes por mi debilidad en el desahogo. Es imposible vivir sin comunicarse, sin compartir lo que nos va ahogando. A mi sólo me queda la palabra escrita, y por poco tiempo. La parte oral la tengo bastante deteriorada, vaya, no esta para muchos discursos. Siempre he disfrutado con una conversación o un buen debate, pero, ya ni siquiera le puedo leer el periódico a mi amigo el ciego. Y no obstante, mi mente cada día esta más lúcida, con lo que soy consciente de cual es mi realidad hoy y cual será mañana. Soy la persona que se esta ahogando y sigue nadando para mantenerse a flote. Se dice que no te quejes, porque hay muchas personas peor que tú. De verdad, eso no me consuela. Es sufrimiento y no quisiera que ninguna persona lo padezca, ni que pongan, comparándolas, las enfermedades como ejemplo. Cada uno tiene que aguantar la que le ha tocado en la tómbola de la fatalidad. No podemos cambiar la suerte que el destino nos ha asignado.
martes, 10 de agosto de 2010
DON BENITO. Calles, Plazas y Parques
PLAZA DE ESPAÑA. Situada en el centro de la ciudad.
A partir de hoy, y mientras mi discapacidad no me lo impida, iré publicando algunas fotos de calles, plazas y parques del Don Benito actual. No hay ninguna intención oculta, ni beneficios económicos, sólo dar a conocer este gran pueblo convertido en moderna ciudad, centro comercial de las Vegas Altas, y con el
empuje necesario para competir, sobre cualquier aspecto, en toda Extremadura.
Las fotos no serán otra cosa que un documento gráfico, que al estar hechas desde una silla de ruedas, no tienen pretensiones de obras de arte, ni siquiera, de conseguir una buena perspectiva o calidad técnica.
Publicaré una por semana sobre los temas anunciados, y de forma aleatoria.
lunes, 9 de agosto de 2010
EL ADIÓS DE UNA MADRE
¡Cómo no recordar aquellas madrugadas de un verano del mes de agosto! Olvidarlo sería olvidar a aquella viejecita menuda dulce y triste que con el alba me vitaba cada mañana. Vestía de luto, y las canas de su cabeza las cubría con un pañuelo negro. Se acercaba con sus pasitos cortos y suaves cuando el cielo iba cambiando de tonalidad, pero que todavía se reflejaban las luces de Cádiz sobre el mar en calma, visto desde la muralla. Muralla donde se apoyaba con la vista fija allá en el horizonte, el punto donde el mar se confunde con el cielo. Y así en silencio permanecíamos mucho rato. En algún momento se agitaba, y después de un suspiro, señala allá a la lejanía del mar musitando que su hijo iba en aquel barco que, poco a poco, se iba alejando. Y levantaba el brazo en un gesto de despedida. Era el momento que sujetaba mí brazo, como para asegurarse que había alguien que participaba de su angustia. Con palabras sueltas me contaba que su hijo se iba a América en aquel barco que se alejaba. Yo ponía el corazón y los cinco sentidos por ver aquel barco, pero jamás lo vi. La anciana, sin embargo, musitaba hasta los más pequeños detalles.
Una joven venía a por la anciana. Siempre me decían algo en señar de despedida. Y yo seguía mi guardia en una puerta del Cuartel de Artillería de Costas. No podía evitar mirar al mar buscando el barco de mi amiga. Un día pregunté algo a la joven y me dijo que hacía treinta años un hijo de la señora había marchado a América, pero que murió antes de llegar a su destino. Y la madre llevaba todo ese tiempo diciéndole adiós desde la muralla.
Una joven venía a por la anciana. Siempre me decían algo en señar de despedida. Y yo seguía mi guardia en una puerta del Cuartel de Artillería de Costas. No podía evitar mirar al mar buscando el barco de mi amiga. Un día pregunté algo a la joven y me dijo que hacía treinta años un hijo de la señora había marchado a América, pero que murió antes de llegar a su destino. Y la madre llevaba todo ese tiempo diciéndole adiós desde la muralla.
sábado, 7 de agosto de 2010
DON BENITO. Antes y después
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