PARQUE MUNICIPAL “TIERNO GALVÁN” El lugar ideal para descansar, compartir palabras, amar, leer y soñar. Verde y colorido, y con notas alegres de miles de pájaros poniendo música de fondo a tan apacible escena.sábado, 11 de septiembre de 2010
DON BENITO. Calles, Plazas y Jardines
PARQUE MUNICIPAL “TIERNO GALVÁN” El lugar ideal para descansar, compartir palabras, amar, leer y soñar. Verde y colorido, y con notas alegres de miles de pájaros poniendo música de fondo a tan apacible escena.viernes, 10 de septiembre de 2010
NO SÉ NADA DE FÚTBOL
Ni mi constitución ni mi figura son las de un atleta, y quizás sea por eso por lo que nunca se me ve practicando deportes, ni siquiera como espectador aficionado. Al menos que vivir sea un deporte, entonces, sí soy un gran deportista. Sin embargo, creo en las excelencias de la preparación física, y en el esfuerzo corporal para mantenerse en forma.
Pero para el deporte de masas soy muy torpe. He visto multitud de partidos de muchas cosas, y no he aprendido nada. Como los más populares son los juegos de pelotas, he intentado conocer lo más elemental de sus reglas. Y el fútbol, por ejemplo, sé que se juega con un balón que unos jugadores se empeñan en meter en una portería, en contra de la voluntad de un portero. No estoy seguro cuando es gol, porque aunque se cuele en la red, un señor vestido de negro y tocando un silbato, dice que eso no vale. Hace tiempo que dejé de preocuparme de quien gana o de quien pierde, por eso de ser un ignorante del juego.
Cuando iba a los partidos de fútbol a hacer prensa gráfica para los periódicos, fotografiaba jugadas y goles, y cuando finalizaba el partido tenía que andar preguntando quien había ganado.
Lo que si me gustaba mucho era mezclarme con la gente en las gradas. Y fotografiarlos con disimulo. Captaba gestos para reír y para llorar, de cómicos y dramáticos aún tiempo. ¡Cómo sufren los aficionados. Lo mismo veía a uno comiéndose un puro a bocado, a otro hincándole el diente al transistor que se ponía en la oreja, o al otro comiéndose la solapa de la chaqueta.
martes, 7 de septiembre de 2010
PONERSE EN EL LUGAR DE UN PARADO.
Es muy diferente vivir y sentir, a saber las cosas porque te las cuenten. Por muy grandes que sean las cifras del problema, si no lo tienes cerca es como si no existiera.
Es muy difícil ponerse en la piel del otro, por mucha y buena voluntad que se ponga. Porque, ¿qué persona con trabajo se puede poner en la piel de un parado? Creo que sólo los que alguna vez han formado parte de las listas del paro. Es la enorme tragedia de millones de personas en nuestro país ¿Se puede adivinar, en justa medida, el drama personal y familiar que esta viviendo? La angustia, el miedo y la desesperación más terrible. El transcurrir de los días sin encontrar un trabajo que le restituya su autoestima y su dignidad de persona útil para su familia y la comunidad. Pero lo único que se consigue es ampliar su colección de promesas y buenas palabras, que son, al final, ilusión de un rato, el tiempo que dura el eco en su oído. La ayuda se va acabando, las reservas, si las hubo, se agotaron, cada vez hay menos puertas a las que llamar, no son clientes fiables, y pasan a figurar en las listas de morosos. El tiempo corre en su contra, más viejo, menos probabilidades de encontrar trabajo. Empiezan a aparecer enfermedades, más imaginarias que reales, que nos lleva a pensar que el problema no es la salud, es el trabajo. Y en la desesperación se desea envejecer pronto para ser pensionista.
Y no quiero imaginar, porque sería muy triste, que para los Poderes Públicos, los Sindicatos y los Empresarios, las cifras del paro sólo sean números en constante movimientos. Para estos, votos o no votos; para aquellos, masa de manifestantes y para los otros, manos de obra barata. Se ignora a la persona, y sus problemas quedan ocultos por los números. Y las penas, siempre para los mismos.
No, la verdad, no es fácil ponerse en el lugar del otro.
lunes, 6 de septiembre de 2010
DON BENITO. Peña Atl. Madrid
domingo, 5 de septiembre de 2010
OPORTUNIDADES QUE VOLARON
Un pensamiento, un deseo no vale nada si no le ponemos sonido.
Son todas aquellas cosas que debimos decir y no dijimos.
Aquellos amores que por falta de palabras no florecieron.
Aquellos sueños sin música que quedaron en eso, en sueños.
Cuando debimos decir, callamos.
No pensamos que ni nos adivinan ni adivinamos.
Los sentimientos sin palabras están muertos, o sólo, lumbre sin calor ni llamas.
No basta una sonrisa o una mirada, es necesaria la comunicación hablada.
Se deja pasar el tiempo, se agotan las oportunidades.
Los conflictos no se resuelven, los deseos se marchitan, la ilusión languidece, y ya sólo queda llorar sobre todo ello.
Es el llanto de la cobardía y de la impotencia.
Es sentirse culpable por silencio y falta de arrojo.
Es decirle adiós a los sentimientos guardados.
Y siempre nos reprocharemos de no haber hablado en su momento.
¿Qué hubiera sido de nuestras vidas si lo hubiésemos hecho?
Son todas aquellas cosas que debimos decir y no dijimos.
Aquellos amores que por falta de palabras no florecieron.
Aquellos sueños sin música que quedaron en eso, en sueños.
Cuando debimos decir, callamos.
No pensamos que ni nos adivinan ni adivinamos.
Los sentimientos sin palabras están muertos, o sólo, lumbre sin calor ni llamas.
No basta una sonrisa o una mirada, es necesaria la comunicación hablada.
Se deja pasar el tiempo, se agotan las oportunidades.
Los conflictos no se resuelven, los deseos se marchitan, la ilusión languidece, y ya sólo queda llorar sobre todo ello.
Es el llanto de la cobardía y de la impotencia.
Es sentirse culpable por silencio y falta de arrojo.
Es decirle adiós a los sentimientos guardados.
Y siempre nos reprocharemos de no haber hablado en su momento.
¿Qué hubiera sido de nuestras vidas si lo hubiésemos hecho?
viernes, 3 de septiembre de 2010
PROBLEMAS DE COMUNICACIÓN
Una cosa muy desagradable y dolorosa es oír hablar de ti, y no poder defenderte haciendo objeciones, correcciones, aclaraciones o, simplemente, negando lo que no sea cierto. Pues, a mí, nada de esto se me permite, si los que hablan no saben o no quieren escuchar, están algo sordos, tienen prisas o se quieren dar importancia haciéndome de traductores. Y oír, poniendo un poco de atención, se me oye: y entender, se me entiende. Sin embargo, en una conversación entre varias personas, tengo que permanecer mudo, y dar por bueno todo lo que digan. Debería estar acostumbrado y procurar que estas situaciones no me afecten, pero, no lo puedo remediar, por mucho que lo intente, el no poder explicarme, cuando lo requiere el caso, me afecta. De tal manera que muchas veces, me da miedo de abrir la boca por el temor que se tergiversen mis palabras, y el intérprete haga una versión libre del contenido.
Esta mañana me encontré con unos amigos. Uno, muy amigo; otro, menos amigo; otros, nada más que conocidos. Todos terminaron hablando de mí, como si yo no estuviera presente. Cada cual habló como quiso, eso sí, siempre con palabras suaves. No es agradable la situación: los piropos ponen colorado, y los insultos cabrean.
La verdad que no me disgustó la experiencia, a pesar de todas las barbaridades que de mi se dijeron. Para unos, era un genio; para los otros, era un imbécil. Y así fueron desgranando las dos caras de mi personalidad. Nunca pensé que yo fuese tantas cosas, tantas buenas como malas. Y todo en mi presencia. Oí contar una historia de mi vida que yo desconocía. Era tan nueva y tan íntima que acabó interesándome, y sintiendo curiosidad por conocer un final que se preveía muy emocionante. Se habló de mis gustos y necesidades, con tanta seguridad y aplomo, que ya empecé a dudar si había vivido equivocado toda mi vida. Son situaciones que, en el fondo, resultan cómicas, pues cómico es, cuando intento hacerme oír, y no me hacen ni puto caso. Cuando en un bar pido un café y me traen una tila, cuando pido una cerveza con alcohol, y me la traen, siempre, sin alcohol o, todavía como más sano, un refresco. Me duele recocer que para la lucha de la calle estoy un poco cascajo. Hay que estar muy en forma para defenderse en esa jungla.
Sobre mis problemas de comunicación he hablado en alguna otra entrada. No me gusta repetir los temas, y cuando lo hago es porque necesito desahogar y dar los gritos que en algún momento no pude dar con el clamor de la palabra. No es nada más que rabia e impotencia.
Para publicar a gusto la entrada, ni la leo siquiera.
Esta mañana me encontré con unos amigos. Uno, muy amigo; otro, menos amigo; otros, nada más que conocidos. Todos terminaron hablando de mí, como si yo no estuviera presente. Cada cual habló como quiso, eso sí, siempre con palabras suaves. No es agradable la situación: los piropos ponen colorado, y los insultos cabrean.
La verdad que no me disgustó la experiencia, a pesar de todas las barbaridades que de mi se dijeron. Para unos, era un genio; para los otros, era un imbécil. Y así fueron desgranando las dos caras de mi personalidad. Nunca pensé que yo fuese tantas cosas, tantas buenas como malas. Y todo en mi presencia. Oí contar una historia de mi vida que yo desconocía. Era tan nueva y tan íntima que acabó interesándome, y sintiendo curiosidad por conocer un final que se preveía muy emocionante. Se habló de mis gustos y necesidades, con tanta seguridad y aplomo, que ya empecé a dudar si había vivido equivocado toda mi vida. Son situaciones que, en el fondo, resultan cómicas, pues cómico es, cuando intento hacerme oír, y no me hacen ni puto caso. Cuando en un bar pido un café y me traen una tila, cuando pido una cerveza con alcohol, y me la traen, siempre, sin alcohol o, todavía como más sano, un refresco. Me duele recocer que para la lucha de la calle estoy un poco cascajo. Hay que estar muy en forma para defenderse en esa jungla.
Sobre mis problemas de comunicación he hablado en alguna otra entrada. No me gusta repetir los temas, y cuando lo hago es porque necesito desahogar y dar los gritos que en algún momento no pude dar con el clamor de la palabra. No es nada más que rabia e impotencia.
Para publicar a gusto la entrada, ni la leo siquiera.
miércoles, 1 de septiembre de 2010
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